El unicoño de Sisa Velona

Érase una época en la vida en la que todo eran mochilas y flotadores de unicornios con brillos. Instagram es un mundo hostil en dónde no hay mollas gordas ni culos, sino mujeres ideales que tienen por bragas, hilos. Unicornios en las tazas, las agendas, los lápices, las sábanas,    los pijamas, las carcasas, los paraguas y los vinilos. Hasta el coño, chiquilla. Acabé hasta el coño pero tuve la revelación repentina de que yo tenía uno. Yo y todas las mujeres del mundo teníamos un unicoño con mucho colorido. Después de tal descubrimiento, decidí darle la vuelta al invento y pensé que, igual el unicoño, necesitaba un amigo. Y me copié de la Biblia y le creé uno: en penecornio. Pero esta vez mi unicoño no salió de ninguna costilla. Mi unicoño estuvo siempre entre las piernas. Vamos, de toda la vida. El que vino después fue el penecornio porque la vida es moderna y nos ha costado ser las primeras en algo y no pienso ceder mi silla.

Me siento culpable de volatizar la inocencia infantil del caballito y fusionar lo vaginal con la mitología. Pero se me irá pasando porque se llevan las mezclas y la “colgaera” mental de fusionar disciplinas.

Welcome UNICOÑO. ¡Larga vida!