El unicoño

El unicoño tiene una historia muy simple.
Pero, al final, esta vulva con propiedades mitológicas, me está enganchando. Tal como el animal que sobresale de la misma, la vagina tiene pureza, lejos de esa imagen sucia que nos toca cargar cuándo estamos con la regla. ¿Nunca os dijeron vuestras abuelas que no tocáseis los potos con la regla? ¡Ya, claro! Si los tocábamos se acababan jodiendo. Pero ellas sí les cantaban por Juanita Reina. En algunas religiones no se puede comer lo que una mujer que menstrúa cocina y aquí te dice tu peluquera: “las mechas no te suben igual porque estás con la regla” (y yo con el papel de aluminio y la cara de carajota  puesta). O no te duches en 4 días, así te huela el unicoño a ron con ginebra. El unicornio es poder, protección y equilibrio y representa la misma fuerza que tiene la vagina cuándo empujamos como mulas para que nazca un niño. Y luego nos la llenan de puntos y pretenden que no nos quejemos si pones el culo en el sofá y se te desolla la vagina a la par que se te cae el mundo. Y mejor no hablamos de cuándo te pones un tampón antes de quitarte el anterior y coleccionas guitas vaginales para atar a un burro.

Por eso el unicornio se ha feminizado en mis manos y ahora es el unicoño, con poderes sobrenaturales,  porque ya está bien de que todo lo bueno sea la polla y todo lo malo, un coñazo.

El unicoño es como los Reyes,  mágico, solo que ellos trabajan un día y a él le toca estar en pie, con o sin ganas, los 365 días del año.

Y tiene mil ojos.
“Alinquindoi” que te estoy vigilando.