Elisa se enamoró por el “interné”

Queridas calamidades:

Sisa al teclado por primera vez que la que escribe es muy floja y yo no puedo “depender”. Os cuento, a ver.

Mi amiga Elisa se enamoró por “el interné”. Oye, a mí eso me parece bien. Pero bien del bien en serio. Total, si todo lo hacemos en teletrabajo, ligar, que es otro trabajo más (caída de pestañas, charlar, ser simpática, ocurrente, usar el jajajajajaja…) porque no va a ser telemático si estamos en la era vaginodigital.

El único problema de mi amiga Elisa es que se enamoró mucho. Porque claro, idealizó. Ella se creía que su amor era un ciber hombre pluscuamperfecto(a ver, mono era, la verdad) y el ciberhombre pasaba de ella como la mierda, día sí, día no, y el anterior. Como la vida misma, pero escondida detrás del ordenador.

Mi amiga creó una adicción. La pobre, se enamoró. Y qué amor, válgame el Señor. Yo es que la apoyo pero no la comprendo porque a ver, entiendo de mariposillas e ilusión, pero de estar llorando todo el día, no.

He de decir que el enamorado de mi amiga Elisa era un poco cabrón. O mucho o un montón. Yo, como buena amiga ya madurita en cuestiones del corazón, se dedicó a observar los bioritmos de la situación y madre mía qué problemón. A ver cómo le decía yo a mi amiga Elisa que el tío estaría en otros menesteres y que ella le importaba un mojón. Y que se bajara del columpio y lo mandase al carajo. O no, mejor no. Con no responder es suficiente porque, hasta el momento presente, que yo sepa, ligar por el interné, no constituye contrato de matrimonio, vamos, creo yo. Pero si constituye la obligación de ser tan coherente como en la vida que no es ciber y, si vas a marear a mi Eli, marea a tu puñetera madre, mamón, que mi Eli es mu buena y va expulsando una enzima que dice: “me lo creo to”.

Él nunca le dió su teléfono (ay, zeñó, zeñó) y aparecía y desaparecía como el Guadiana, que es un río que hoy sí y mañana no(este va de agua pero pa entendernos mejor). Yo al principio le decía a mi Eli que el novio vaginodigital no le iba a dar el teléfono a la primera loca que le dijese “qué atractivo me pareces, me gustaría charlar”, porque el hombre, HOMBRE me refiero a próstata y demás, como sea un ciberhombre, se va a cagar. ¿Compromiso? ¡Nahhh! Y como se entere la novia, le va a dar una paliza de una semana en cama sin poderse levantar. Y mi Eli dió con uno que tenía novia, esposa, amantes, amigas, siete perros, 4 números de móvil y una casa frente al mar. La foto de la casa era de la aplicación de El Mueble pero mi Eli estaba enamorada y, con esa enajenación hormonal, se diluye misteriosamente la capacidad de razonar.

En fin. Que le salió fatal. Lloró lo más grande y me costó dos meses de terapia por aquello de cuidar a los que cuidan. Un agotamiento que no os podéis imaginar. Yo la hostia la vi venir na más empezar, pero qué trabajito cuesta tirar de las pestañas parriba a quién vió Cenicienta y se cree que todo en la vida es igual. Mi amiga Pepi se ha conocido en el feisbú y les va genial. Hasta casados están, fíjate tú si la cibervagina tiene su parte de verdad. Pero en el caso de mi Eli, mal, mu mal.

Ahora parece que está ilusionada con un compañero de trabajo pero me da que la hostia se la va a dar igual. Porque quizás el problema es que, buscando en el cajón de su autoestima, le salen golfos como soles y ella siente por ese tipo de hombres, imán. Carne de cañón que diría mi madre y a mí eso me parece un mu triste porque mi Eli es muy buena y las muy claro cochinas de la oficina le dicen que se le está pasando el arroz. ¡Arriba la sororidad y la compresión!

Todas tienen marido… algún día voy a encargarme yo de averiguar cuántos móviles tiene cada marido y se va a liar la de Dios.

Joder con el amor.