Las preñadas de instagram

Dice Sisa que está de moda estar preñada y la culpa de todo la tiene Instagram. Su mayor alivio es que se le pasó la edad, si no, a ver quién duda que ella iba a posar. Faltaría más.

Las preñadas de Instagram tienen barco. Y además, el barco tiene proa. Y la proa baranda. Y las preñadas se apoyan en la baranda con expresión de “yo siempre natural” y, con un mini tanga, están de 38 semanas y como si no estuvieran preñás: un mini culo, las lolas en la garganta y una cara divina de la divinidad. Luego se dan la vuelta y es el no va más. Tienen cintura, o sea, que eso que se pierde en un embarazo normal de las mujeres de la absoluta normalidad, en ellas se conserva como una curva perfecta de “no me acuerdo del día en que me empotraron pero me han dicho que es niño y se va a llamar Beltrán”. Y no Máximo Adriano, que tiene premio y no quiero guasa innecesaria en el colegio alemán. Jamás.

El culo es un culo por detrás. Redondo, con purpurina, de seda, ¿fofo? Fofo no hay nada en Instagram. ¿O para qué están los filtros? Tú, preñada anónima, ni lo intentes. Tienes un culo tamaño llanta de cani de 24 pulgadas, además. Tus tetas se te salen por el lateral y estás de 38 semanas pero bien que te acuerdas de cuándo te empotró Juan. Venías de regarle los geranios a tu madre y te cogió despistá. Y tú ya sabes cómo es Juan: pim, pam, pum y ya. Se va a llamar Juan Beltrán, tú no vas a ser menos que las de Instagram, pero lo llamarán Juanito, el hijo del del bar.

Tú, hija mía, estás que vas a explotar. Ellas en el barco y tú con los tobillos como las argollas de las mujeres jirafas, gordos pa reventar. Ellas se duermen en la proa y tú, ¿tú duermes ni na? Boca arriba no respiras y, cuando coges el sueño, ronca Juan. Porque el novio que ha preñado a la de Instagram (no se han casado todavía, en ellos se permite la permutabilidad), se llama Martín de los Santos y Verdasco-Madagascar y no ronca, faltaría más. Él duerme con los abdominales puestos y un pelazo que se entiende perfectamente, al verlo, lo que significa empotrar, que es como despistarse conduciendo y meter en morro en la pared de un solar pero con el pene en los bíceps y empujones del no va más.

No te preocupes. Tú vas a dar a luz en la seguridad social. Y no te vas a hacer fotos en la puerta porque esto no es la Ruber Internacional y lo único que te cabe es la bata de flores de tu madre y las zapatillas de paño dónde entran unos tobillos que son dos tuercas encajás. Olvídate de Pilar Rubio y sus tacones al tobillo: a ti no te cerrarían jamás.

Pues oye, que se está bien en alta mar, comiendo ensalada de fruta y viendo cómo pasa la vida “igual que pasa la corriente del río cuándo busca al mar”, pero Sisa camina indiferente allá dónde su Juan la quiera empotrar.

Juan, para YA.