Mari Disturbios

Yo nací limitada y eso ya no tiene remedio. Un hospital de monjas no era el sitio adecuado por el simple hecho de que no disponían, en aquellos tiempos, de decolorantes y matizadores para que tu madre contara a las vecinas: “he parido una niña rubia”. Fui rubia toda la vida excepto en el momento del nacimiento: una mata de pelo absolutamente negro. Y por culpa de esa dualidad, me he pasado media vida intentando ordenar mi cerebro y me dibujo, “mayormente” con el pelo más oscuro que la lápida de un cementerio. Y llevo mechas pollo porque me las pago, lo siento.

Para la gente que me quiere “bien”, no tengo remedio y yo se lo agradezco. Me ahorran esfuerzos en parecer una persona seria. Y para los que me quieren mal, directamente me importa una mierda (no es ser borde, es adquirir conciencia).He desarrollado un parapeto emocional tipo tanque ruso de los 40 y ya me puedan llamar, mientras me tomo una coca cola, “reverenda cerda”, que yo me sigo abanicando con las piernas abiertas. Lo de las piernas abiertas es la anti literalidad hecha poesía de la que gastan los autores de renombre a los que no pertenezco, ni por méritos y, mucho menos, por conciencia. Eso sí, fui de COU de letras, no de ciencias, por si eso me ayuda a elevarme a otro plano de la erudita y literaria jurisprudencia. Creo que no, pero por si justifica en algo la maravillosa vulgaridad de mis letras. Una pena, la mediocridad no se potencia.

Lo de escribir, si le preguntamos a los que me quieren “bien”, dirán que siempre lo hice con poco nivel y muy poca vergüenza. Es verdad, cantaba por Lolita con una peluca platino puesta. Lo mío siempre ha sido una lucha titánica en la que resonaba en mi cabeza “niña, las apariencias”. En realidad, no sé lo que son, igual dos primas de Cuenca. Pero es que nunca te tenido el gusto de conocerlas.

Estoy mayor, eso es una evidencia. Pero ando en una carrera constante a ver quién gana antes, si la calamidad, la edad o “perdonadme, me he dejado la plancha puesta”. Soy una niñata de RAE y eso es una cosa muy seria. Entiendo perfectamente el repudio familiar porque no es de recibo casarse tantas veces. Y las que me echen. Pero yo soy de firmarlo todo que luego la palabra se dispersa. Hasta que llegas a arrepentirte hasta de firmar el contrato con Endesa. En mi próxima vida voy a ser soltera,  y voy a morir con las bragas puestas. Para eso está la resurrección de las muertas.

Esto no es un libro. Porque trama no escupe, hilo no tiene y, de momento, carece de lectoras dispuestas . Lo de la calidad literaria me la bufa. Tú tienes que tener claro si escribes para que te lean los escritores o para que se entretenga la gente. Y oye, yo soy del pueblo y escribo mal y porque me divierte. Para hacerlo todo bien, ya están los que entienden.

Pero, que no se me interprete mal, a mí escribir me transciende. Sobre todo, porque me eleva la mente.Que veces se va tan arriba que luego caigo y me reviento la frente. Pero yo todo me lo tomo como un aprendizaje que me enseña que soy como muy omnipotente: hostia que me doy, brazos más fuertes. Y me ahorro un entrenador personal que evite que se me descuelgue eso que se le meneaba a las que aplaudían el féretro de Paquirri dándole vueltas a la Maestranza de cuerpo presente. Qué trauma me dejó a mí ver a Maribel Pantoja como ausente.

Esto es un más de lo mismo, largar según me voy acordando de todas las calamidades que han sido mi himno. Porque te pueden pasar cosas malas pero desde aquí reclamo un reparto más justo. Todo no me puede pasar a mí porque no soy la dueña de una funeraria que recoge difuntos. A mí también me gusta reírme, tener dinero, que me duren los maridos y, OF COURSE, tener el pelo RUBIO. Es condición SINE QUA NON como la de que, para ser funcionario del cuerpo one, hay que tener estudios.

Y hoy me agrego un adjetivo más: MARI DISTURBIOS.

Os lo explico otro día que hoy tengo los cristales sucios.

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