Mis queridos cincuenta:

Mis queridos 50:

Os he esperado 364 días y 49 años, así que no me digáis que no he tenido paciencia.

En primer lugar, os doy la bienvenida. Me pilláis escéptica, más irascible de la cuenta y físicamente (toco madera) perfecta.

Traéis una buena dosis de incredulidad y bastante menos de paciencia. No creo en nada y en nadie y, lejos de ser triste, me parece perfecto. Pensad, queridos 50, que me regaláis madurez y simpleza y, de paso y aprovechando aquello que decían de Valladolid y del Pisuerga, he quemado un montón de cuentos y entre ellos y el primero, el de Cenicienta. Los zapatos de cristal duelen y, además, te revientan. Los príncipes suelen ser inútiles y de la hora a la que llego a casa, ya nadie me lleva la cuenta. Pero, eso sí, cada día me apetece más vestir harapienta y me pasaría el día mandando gente a la mierda. Así que aprovecho la enajenación que conlleva la falta de regeneración neuronal para convertirme en una gilipollas perfecta.

A mis “admiradoras” decirles que no me meo cuándo toso. Es más, que no toso. Que estoy haciendo un barrido en google para buscar geriátricos con wifi en dónde admitan a viejas impertinentes con tatus y piercings. Seré una vieja subversiva, callejera y ordinaria de las que atropelle a los gilipollas en el carril bici.

Usaré ropa de niñata hasta después de muerta (que me amortajen vestida con la licra puesta) y duraré más que la pandemia y la crisis, sino por interés, por darle por culo a todas las amigas que “tantísimo me quieren” pero que no me lo dicen, porque les da (uy, perdón) no tienen vergüenza.

Queridos cincuenta, no voy a madurar nunca. Así que os agradezco el esfuerzo de meterme en el traje de las madres al uso pero que soy una desaforada que vive en un pleito permanente con el mundo. Eso sí, me río mucho. De nadie, pero con sumo gusto. Que cada día me divierte más hacer porcentajes del crecimiento exponencial de imbéciles pero que ya no me asusto.

Y que pienso seguir siendo frívola, absurda, rubia y tonta y que fajas no uso. Uso pitillos, tacones, licras, mechas y uso, sobre todo, la rotunda y meritoria capacidad de pasármelo todo por el arco del triunfo.

Y que os quiero mucho. Sobre todo a los que me aguantáis aquí y leéis este cúmulo de tonterías que puedo llegar a escribir sin reportarme como spam y porque sois unos santos y, virtualmente, un gusto.

A los mal nacidos y a las culopato, que os den mucho por culo unas cuantas veces. En la misa del domingo pediré que se os mencione en las preces, que en el reino de Dios caben todos los gilipollas con todas sus gilipilloces porque Dios es misericordioso y me acoge hasta a mí, que os reventaría los morros si pudiese.

Queridos cincuenta, bienvenidos al cuerpo de una “surmana” con delicatessen. El morbo de la mezcla debería estar presente en una mujer que se precie porque no hay nada más aburrido que una cultureta con cara de coño “doblao” oliendo a Poison caducado hace veinte meses.

Que vivan los cincuenta un par de millones de veces. Y que viva todo mi toto entero porque se lo merece.

Lo siento, no pude evitar la ordinariez, pa la próxima no escribiré tanto en frío, sino en caliente…ay, no, que es al revés, escribiré caliente. Uf, qué lío más grandísimo tengo yo en la mente.