¿Quién entiende a Disney?

Yo nunca he entendido a Disney, la verdad.

Creo que el pobre mío, que creó un imperio, nos dió a las mujeres una pedrá. Nos enseñó a meternos en casa con siete hombres (enanos, pero eso da igual) y nos enseñó como se limpiaba, fregaba y se hacían las camas mientras ellos, sostenedores de Blancanieves (era guapa, pero guapa pa reventar, en Disney no hay feas, las feas son malas de solemne malignidad), le traían el sustento a casa y ni le llamaban mantenida ni na.

Resulta que la mala era la fea, todo de lo más normal. Porque las feas son malas por defecto y las guapas tiernas, serviles, inúlites y con falta de inteligencia emocional.

Luego la fea es asesina, o sea, además de fea de cojones, con ansias de matar. Pero además de fea, cobarde, porque no mata ella, manda a otros a matar, al estilo de banda de rumanos antiokupas que persuaden una barbaridad.

Una vez muerta la muerta, resulta que los muertos de Disney no son muertos al uso, de tanatorio y demás, sino muertas dormidas en una urna de cristal en medio del bosque y no se descomponen jamás: huelen a colonia hasta el final. Los principes abundan y se dedican a besar y ya, de paso, con el beso sin permiso, a resucitar. ¿Tú le has preguntao a Blancanieves si se quiere despertar? La besa porque es machoman y ella, como es guapo y, sobre todo, príncipe (la cartera que es lo que dicen que miran las guapas, si son autónomos se van), se enamora na más verlo, todo en medio segundo y resulta que ese es el final.

Se casan, claro están. Y van los enanos, que nunca la quisieron violar. Un detalle, se “jartaba” de limpiar”.

A mí, de todas, la que me gusta es Cruela calamidad que, salvo que usa pieles y yo soy de pancartas y sentadillas por la dignidad animal, conduce, derrapa y se comporta como una cani de las de verdad y tiene a la dulce Anita acojoná.

A la que le compre una Blancanieves a la niña le doy una “atragantá”.

Porque luego se os enamora del quinqui del barrio y “sus váis” a cagar.