Yo he parío, ¡yo!

Yo he parido, fíjate tú qué hazaña. Y tres veces. Sin instinto de madre.  Que me lo explique alguien.

El último parto fue como de película de Almodóvar del 85. Os describo la escena: mi segundo marido, a la sazón 18 años menor que yo, pero bueno, eso es un detalle insignificante, vamos, que casi todo el mundo se casa a los 40 con uno de 25. La sala de espera con: una madre, dos suegras (YA SABÉIS, mi hija, SUEGRA SUPERIORA, y la madre del de 25, que esa no está muerta, la muerta es la del tercer marido cuyo matrimonio aún perdura, porque llevamos un año y medio y el confinamiento no cuenta. Bingo.)

Un yerno. Altísimo. Y una sala de dilatación que era como si se hubiesen juntado a jugar al burro tres vecinas en la casa de la de la vecina del quinto. El despiporre con las patas abiertas y sudando. Yo no, el de 25. Se entiende, padre primerizo. 

El caso es que había un matrón, una matrona, tropecientos auxiliares y yo con una epidural a la que no sé qué le echaron, pero aquello fue, en 15 minutos, una comuna que ríete tú de intentar entrar en el cielo en el fin del mundo. 

-No me digas que esta es tu hija…y este es tu yerno…y este, ¿es el padre del niño o el hermano de tu yerno?

La cara de aquella matrona no tenía precio.

Entretanto, mi chocho ya no era de mi cuerpo.  Estaba tan agusto que me hubiese quedado pariendo hasta que hubiesen pasado por allí todas las carteras ministeriales y el Presidente del Gobierno. Y no miento. Era como una reunión de comunidad pero con las piernas abiertas. Por allí pasó MI SUEGRA, mi suegra, mi yerno, mi madre, mi padre, la íntima de mi suegra, la hermana de mi suegra, el marido y los dos niños, dos amigos del que sudaba(sí, el mismo de 25) y el ginecólogo que llegó justo para sacar el padre(DEL NIÑO) la cámara y grabarlo todo en vídeo.

Mi ginecólogo me dijo ocho meses antes: 

-Hombre, ¡me alegra verte! ¿Qué tal te encuentras?

-Muy bien, Lorenzo, preñada, pero vaya, todo divinamente. Te presento a mi marido…

-Anda! Pero este ya no es el deportista(anotación: primer marido, profesor de educación física).

-No, Lorenzo. Este ya no tiene 44, tiene 25. Y es nuevo. Tengo los maridos por renting y, o pago por ellos a los cinco años o cojo uno nuevo y como se me devalúan todos muchísimo, uno nuevo y listo.

El niño nació. Todo estupendísimo. Me echaron de la sala del despertar porque hablaba mucho. Y cuándo subí a la habitación, se había ido todo el mundo:  solo quedaba el cabezón, y mi amiga Irene al WhatsApp, y yo mandándole archivos adjuntos.

¡¡¡Cabrones!! ¡¡¡Volved!!! ¡¡¡Que acabo de tener un niño!!!

(TODO ABSOLUTAMENTE VERÍDICO).